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Tan solo una ilusión: una breve reflexión equinoccial | | Eduardo Saez Maldonado. 23.09.26 | |  Si hacemos el cómputo anual, las horas de luz y de oscuridad son las mismas en todo el planeta: seis meses de día y seis meses de noche. Lo que ocurre es que en los polos estos ciclos se producen seguidos, mientras que en ecuador los días y las noches duran 12 horas todo el año. En las latitudes intermedias los días son más largos en verano y más cortos en invierno. Pero hay un día al año (mejor dicho, dos) en los que el día y la noche duran 12 horas en todo el planeta. Son los equinoccios. Esta pasada noche, a las 2.04 horas, ha tenido lugar el equinoccio de otoño (de primavera en el hemisferio sur). El Planeta Tierra pasa por el punto orbital más singular, más igualitario, más democrático del año. Aunque sea por un instante. Pero cuando despertó, "el dinosaurio ya no estaba ahí". Claro. Los sueños, sueños son. | Porque aunque toda la tierra esté igualada hoy en cuanto a horas de luz, no lo está en absolutamente nada más. Es tan solo una ilusión, fugaz. Sigue habiendo un "norte global", viviendo en un permanente y luminoso solsticio de verano, acaparador de recursos y despilfarrador de energía que se alimenta de un "sur global" donante de recursos y mano de obra barata, en permanente y tenebroso solsticio de invierno. Basta sólo con mirar un mapa de África (aunque no sea en proyección Mercator) para avergonzarnos al ver las líneas de separación de territorios, trazadas con escuadra y cartabón hace poco más de un siglo por las potencias coloniales para repartirse los territorios y los recursos (por no hablar de la esclavitud, la deuda eterna del norte con el sur) ignorando y despreciando a las poblaciones autóctonas que hoy, pocas generaciones más tarde, siguen sometidas a la dependencia económica del "norte global" a través de tiranías más o menos controladas por aquel.
Y mientras no abordemos el problema real, es decir la miseria de los miserables que alimenta nuestro insostenible bienestar (ya en declive por causas ambientales, climáticas, de recursos globales, energéticas y hasta morales), no podremos pensar en un futuro en paz. Porque aunque la miseria del tercer mundo nos importe un pimiento (véase el "America first", el "Viva la libertad, carajo" y sus derivadas multinacionales florecientes e imparables), y más allá de los intereses geoestratégicos que hayan llevado a la tiranía marroquí y a sus impulsores de Occidente a organizar esta locura de Ceuta, los miserables siguen siéndolo; y son cada vez más; y están cada vez más informados.
Y no los vamos a poder parar.
Ni en el equinoccio ni en el solsticio.
Eduardo Sáez Maldonado |
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