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Tu diario. Libertad de expresion

Su opinión Patrocinadores Normas de Malaka.es Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca•20 usuarios en línea • Jueves 17 de Octubre de 2019
Nuevo  curso
Jose Maria Barrionuevo Gil. 14.09.19 
Todos estamos ocupados y hasta preocupados por ver cómo nos lo montamos. El curso de la historia, por más que nos apriete el calor, no se nos queda seco. Sin embargo, después de tantas avenidas, trombas de agua y salidas de madre de este verano, nos metemos en un nuevo curso que nos está dando vientos en todos y cada uno de los palos del sombrajo.
Si empezó la avalancha mediática con el luctuoso accidente de Blanca, y su desbordamiento que rayaba a veces en las justificaciones más que justificadas, más que repetidas, más que excepcionales, que nos dejaba verdaderamente descolocados por imperativo mediático, político y social, porque sabemos que no se suele dar semejante dinámica y despliegue en todos y cada uno de los casos en que se nos pierde un ser querido o conocido. Así,  parece que ahora ya se ha engrasado tan bien la maquinaria mediática, que ya llueve más que sobre mojado en todos los campos de nuestro existir.

La situación que tenemos es de un verdadero asedio informativo político, repetitivo y, a veces, tan escuálido, que nos faltan los verdaderos informes y nos sobran las interpretaciones y manipulaciones que mienten más que parpadean. Además, los nubarrones se ciernen como tormentas casi perennes, como si no tuviéramos otra cosa que hacer que estar pegados a los medios que terminan embarrando las audiencias, que ya no saben a qué agarrarse para poder recuperar los cinco sentidos.
Además de las comunicaciones, algunas, como hemos visto,  demasiado infladas de tiempo, como las sociales y las políticas, ahora viene otra ventolera como es la del nuevo curso escolar.
Ahora es difícil que se dé el caso de aquel maestro que llegaba al colegio en su primer día de curso y decía ante todos sus compañeros que “ya está el curso chupao”, sin mostrar el más mínimo síntoma de estrés postvacacional. Ahora, el estrés viene por el chaparrón de gastos familiares, para ir haciendo boca, aunque no tengamos nada que poder acercarnos a los labios. Ahora la cuesta de septiembre es peor que la de enero con los gastos de las familias para tenerlo todo dispuesto para el curso de los chicos y chicas que se dedican a llevar unas mochilas cada vez más pesadas por los materiales que tienen que soportar, es decir, portar y bajo una carga excesiva, porque los libros, además de ser, y por ser, más vistosos, son más pesados, por el papel más pesado, por las tintas de colores de las ilustraciones cada vez más numerosas y pesadas...                                   
En todo, el denominador común es el consumo de materiales, el derroche de dinero, que afecta a las economías familiares con un peso universal, igual que el impuesto del IVA, porque lo tienen que soportar todas las familias. No decimos nada del cambio de materiales, que hace que no sirvan de unos hermanos para otros y otras lindezas que se presentan.
En todo este tormentoso ambiente de consumismo, se nos subraya, sin querer queriendo, el tema del uniforme, que convierte la uniformidad en una propaganda gratuita, para el colegio, y de relato, nada subliminal, de las distinciones entre clases. Sin embargo, a nosotros se nos antoja que la  uniformidad es una deformidad, ya que, precisamente en una vida tan variada y diversa, se impone la impronta del uniforme, con el que ya se educa, como puede pasar en los ejércitos, a ser todos iguales y, además, igualmente sumisos.  
Lo que nos llama más la atención es la discriminación entre colegiales y colegialas por sus uniformes, que se puede distinguir, a leguas, a qué sexo pertenece cada uno, y, por ello, hace, mayoritariamente, que estén “los niños con los niños y las niñas con las niñas”. En este sentido los uniformes, además, chocan con la realidad que existe de puertas afuera del colegio, cuando tanto padres como madres, abuelos como abuelas y demás familia, que esperan a sus vástagos, van vestidos sin ninguna uniformidad. A tanto nos sorprende el tema de la vestimenta, que hemos podido observar, sobre todo en los meses más fríos que la mayoría de las madres y abuelas esperan a sus escolares vistiendo pantalones. Hemos observado, “a ojo de buen cubero” que esta costumbre de las familias está muy cerca del 100%. Mientras, las colegialas se ven obligadas a pasar incluso más frío que los demás miembros de sus familias.
Solo deseamos que el curso siga su curso y no nos ofrezca muchas corrientes ni sobresaltos.
josemª 
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